La primavera llegó así, helada, conversadora y rara (por sobretodo rara), pero dicen que soy una muchacha de gustos raros, así que su primera palabra me agradó bastante. Lo de conversadora es una cualidad que no cualquier primavera me ha logrado entusiasmar, mas aún si se trata de cosas absurdas y carentes de sentido, esas cosas tontas que tanto nos gustan.La lluvia llegó tan derrepente que ni siquiera se presentó, fue tan rápida que no alcancé a protegerme y al rato me tenía empapada por completo. Es como si desde siempre hubiese llovido, es como si desde siempre hubiese sentido, es como si desde siempre pudiera conversar y reírme contigo. Es verdad, todo es tan raro que a ratos sospecho que algo anda mal, pero no me interesa si las palabras se vuelcan incendiarias o lo que el mañana me depare. Sinceramente me da lo mismo porque la lluvia me viene bien siempre; como la pieza mas obvia de un rompecabeza muy obvio, bastaba solo con juntarlas para que se vieran bien. Y yo que pensaba que ya estaba grande para sentarme en el asiento trasero de una bicicleta y mirarme los pies en cada uno de los pedaleos del chofer, mientras mis manos rodean su cintura protectora . La vida no para de sorprenderme y me regaló esta lluvia repentina.
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